Tu alma vino al mundo llena de fe y esperanzas, con los ojos grandes bien abiertos. Tu alma no vino al mundo para sufrir.

Cualquier conflicto entre el alma y la mente se refleja en la apariencia y el carácter de uno. En cambio si el individuo está contento consigo mismo, vive a gusto, se dedica a lago que le complace, en tal caso parece que emanara una luz interior. Eso significa que su mente se ha sintonizado con la esencia del alma.

El confort emocional del alma enciende esa luz interior que recuerda al alma su verdadera naturaleza; por ende, la gente percibe esa belleza de la armonía como encanto o belleza interior.

El alma se siente cómoda cuando la mente no la asfixia en su funda mental, sino que la mima como a una rosa en el invernadero, la contempla, la cuida y permite a cada pétalo abrirse libremente. Es aquel caso extraordinario al que solemos llamar felicidad.