Pues la misma importancia y las malas hondas, éstas últimas, imponen a la gente objetivos y valores falsos. Precisamente son las malas hondas las que establecen estándares de belleza, éxito y bienestar. La importancia interior y exterior obliga a las personas a comportarse con esos estándares. Por supuesto, la mente encuentra un montón de imperfecciones y empieza a odiarse activamente, lo que significa también … odiar al alma. Se prueba todos los disfraces posibles, intentando ajustar el la Esencia del Alma a los estándares establecidos. Como regla general, de todo eso no resulta nada bueno. Y como consecuencia, la discordia entre el alma y la mente se agrava más aún. La mente riega su rosa sólo con reproches e insatisfacciones, y la rosa se marchita cada vez más.