Presta atención lo que te dicta el alma, baja conscientemente la importancia, permítete tener y obtendrás todo lo que quieras. Si en este camino cuentas además con OAH, el proceso se accelera.

Para conducir el alma y la mente a la unidad es necesario prestar atención al estado de confort del alma más a menudo. Te sientes cómodo si en este momento nada te preocupa ni oprime, si estás a gusto y tranquilo. Una incomodidad del alma señala lo opuesto: tienes una inquietud vaga, algo te oprime, recelas de algo, te sientes agobiado, sientes un peso en el alma. Si semejantes sensaciones se revelan claramente y comprendes su origen, quiere decir que es la incomodidad de la mente. La mente, como regla general, sabe de qué quiere, que le preocupa y oprime. En este caso puedes confiar en la mente: ella te dictará una solución correcta.

Con la incomodidad del alma el asunto es más difícil, porque se revela muy vagamente como un pensamiento confuso. La mente repite: todo va a las mil maravillas, todo va como debe, no hay razón para preocuparse. Aún así, a pesar de los argumentos sensatos, algo te oprime. Precisamente eso es escuchar la Voz de tu Alma y no es difícil. El asunto está sólo en prestarle atención. La voz de la mente, con sus razonamientos lógicos, suena demasiado alto, por lo que uno no da mucha importancia a los pensamientos vagos y confusos. Entusiasmada por un análisis lógico y por pronosticar los acontecimientos, la mente no está dispuesta a escuchar los sentimientos del alma.