Platón decía que el icosaedro (polígono regular formado por estructuras triangulares) tiene que ver con el agua y por tanto con las emociones.

El agua fluye por nuestro cuerpo como las emociones.

Calma, aclara, armoniza las emociones, releva a los sentimientos de cualquier malestar, tristeza, enojo, rencor y hasta del recuerdo obsesivo de un mal amor. Disminuye la retención excesiva de agua y fluidos corporales nocivos, filtra las envidias, protege del mal de ojo.

La función clave del Icosaedro es la Transformación.

Las formas de la Geometría Sagrada conectan los hemisferios  cerebrales,  permitiendo que las meditaciones y mensajes espirituales recibidas por el lado derecho sean comprendidos y asimilados por  su mitad lógica y pragmática: el lado izquierdo.

Todos estos “sólidos platónicos” son vehículos de conciencia que forman una red o lenguaje de luz que conecta la red icosaédrica de 20 triángulos al conocimiento del Cosmos. Son enrejados que nos cubren y  traen información a través de los 144 mil sellos de energías cristalinas (así se decodifica la luz) activando la llegada de la conciencia y formando una red de ascensión donde nuestro planeta vibre en una frecuencia más alta para  seguir evolucionando.

Ciertos patrones o formas geométricas se repiten en toda la naturaleza. Por ejemplo, las células de un panal de abejas son hexágonos, y la concha de un caracol es una espiral. Panal y caracol, estos patrones y formas comunes llegaron a ser conocidos como la geometría sagrada. Se fueron desglosando en varios números, fórmulas matemáticas y símbolos específicos que los antiguos creían que eran los bloques de construcción para todo en el universo.